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Hubble, el telescopio espacial de la NASA y la ESA, ha captado la superburbuja N44. Es una cavidad de 210 por 140 años luz situada en la Gran Nube de Magallanes.
La clave está en el centro del vacío: las estrellas que brillan allí son responsables de haberlo creado. No ocupan por casualidad un hueco que ya existía; su actividad transformó el gas del que ellas mismas habían nacido.
El mecanismo combina dos fuerzas. Sus potentes vientos estelares y sus explosiones de supernova expulsaron gran parte de aquel gas natal. La cavidad es, por tanto, la huella visible de esa expulsión: el espacio central cuenta lo que las estrellas hicieron a su entorno.
La propia escena conserva parte del material alrededor del vacío. Un campo denso de estrellas llena la imagen entre nubes tenues de gas y polvo; una red de nebulosidad azul pálida y gris atraviesa la vista, mientras las nubes de polvo más oscuras se concentran hacia la zona inferior derecha.
Hubble también puede separar objetos débiles dentro de cúmulos abarrotados gracias a la alta sensibilidad y la fina resolución espacial de sus instrumentos. Esas capacidades permitieron descubrir en N44 un conjunto de estrellas jóvenes que habría sido difícil distinguir entre tanta concentración estelar.
Así se lee el centro de N44: no como una ausencia inexplicable, sino como una estructura producida por sus propias estrellas. Lo que parece un vacío es el registro de cómo los astros pueden modificar profundamente la nube de gas que los vio nacer.